viernes, 28 de febrero de 2014

DE LA EXPLOSIÓN SOCIAL DE 1989 A LA IMPLOSIÓN DE 2014

Se están cumpliendo 25 años de aquellos dolorosos sucesos ocurridos en Caracas y buena parte del territorio nacional, un pueblo que salió a las calles a llevarse todo por delante, un reclamo desordenado que comenzó en la mañana del 27 de febrero cuando los estudiantes y habitantes de Guarenas protestaron el incremento del pasaje del transporte público.

Así comenzó un capítulo de la historia que partió en dos al período democrático de Venezuela, que algunos definen como Puntofijismo, y que autores como Diego Bautista Urbaneja simplemente llaman “Programa Democrático”. Aquel 27 de febrero de 1989 se escuchó el “reclamo de la gente”, un exigencia por el alto costo de la vida, una pobreza en ascenso, un sistema educativo que no respondía a las necesidades de toda la población, un país que dependía de la salud privada para responder por las deficiencias de los hospitales públicos, una seguridad social que no funcionaba, una inseguridad que se hacía sentir en los barrios y calles de Caracas, un país que se definía como “rico” por su petróleo, pero devaluado su bolívar y más su población; un reclamo que no respeto nada, donde la gente reventó vitrinas y santamarías para llevarse neveras, televisores, equipos de sonido, colchones, lavadoras, licuadoras, incluso parabólicas; para después buscar la leche, pasta, carne, pollo, arroz, aceite, galletas, enlatados, sin olvidar las cajas registradoras de automercados y abastos.

Los negocios destruidos, incluso hasta incendiados, fueron la muestra de la furia acumulada que exploto esos días; tomando a un gobierno desprevenido que venía de tomar posesión solo 25 días antes,  un candidato que contó con la mayor votación que había sacado alguien que aspiraba a la presidencia de la República  hasta ese momento, además de ser el primer presidente que era electo por segunda oportunidad dentro del “Programa Democrático”. Carlos Andrés Pérez además se dio el lujo de contar con la presencia de un importante grupo mandatarios hispanoamericanos en su toma de posesión, convirtiéndose en uno de los actos de mayor impacto en la región, por cierto, uno de los visitantes “ilustres” que vino a felicitarlo fue el propio “Fidel Castro”, quien generó todo un revuelo en el país y en Latinoamérica, todos los periodistas lo querían entrevistar, y los presidentes no perdían la oportunidad para tomarse una foto con el presidente de Cuba. Vale destacar que hay un dato curioso para la historia de la región, y es que Fidel Castro estuvo presente en Colombia días antes de estallar el “Bogotazo”, como consecuencia del asesinato de Jorge Eliécer Gaitan en 1948; y como se dijo anteriormente, estuvo en Venezuela días antes del “Caracazo”, ¿casualidad? Coincidencia o no eso es tema para otro momento.

Muchos hoy comparan los sucesos de febrero de 1989 con los de febrero de 2014, si bien es cierto, tienen algunos puntos en común, en lo personal considero que son dos situaciones distintas, donde me atrevo hacer una aproximación conceptual sobre ellas, la primera la podemos llamar “explosición social” y la segunda “implosión social”.

Las Ciencias Físicas definen explosión como “Una liberación simultánea de energía calórica, lumínica y sonora (y posiblemente de otros tipos) en un intervalo temporal ínfimo”; mientras que la implosión “es la detonación de explosivos en la superficie externa del objeto, por lo que la onda expansiva se mueve hacia adentro”. Tomando prestado estos dos conceptos podemos decir lo siguiente: 

En 1989 se dio una “liberación simultanea de energía” evidenciando acciones de protesta que rápidamente se convirtieron en violentas donde estuvo presente la destrucción, como respuesta del gobierno (quien no estaba preparado para este tipo de situaciones, incluso inimaginables para muchos sociólogos y politólogos de aquel momento), tuvo que responder de igual manera e incluso más “violento” para poder controlar unas masas que actuaban prácticamente de forma irracional, donde sin consignas, sin un epicentro de organización, sin una visión compartida, la gente se lanzó a las calles a llevarse todo por delante, unos por frustración, otros por hambre, algunos por diversión, aprovechadores e incluso quienes “si” tenían algún interés político; pero ninguno de ellos se encontraron previamente, la población no fue preparada para ello, solamente soltó toda su energía en un “tiempo ínfimo”.

La realidad actual puede tener unas causas similares, efectivamente existe una gran acumulación de frustración en lo económico, una devaluación constante de la moneda, una escasez de productos de primera necesidad llevando a la gente hacer largas colas en los mercados, la ausencia de medicinas, la adquisición de divisas es cada vez más complejo, una inflación incontrolable en un país donde el presupuesto anual se calcula a un barril de petróleo a $ 40, cuando en promedio superan los $ 88, sin olvidar una inseguridad que ha venido en ascenso, prácticamente incontrolable. ¿Por qué entonces hablamos de implosión social? Estamos frente a una onda expansiva que se va moviendo por dentro, donde grupos de personas que se identifican entre sí, ya sea por ser parte de una clase social, en este caso su mayoría es de clase media; por ser parte de la comunidad de los estudiantes universitarios; o simplemente ser simpatizantes de agrupaciones políticas que se oponen al gobierno actual; son estos elementos que han permito agrupar individuos para  manifestarse, marchar, incluso a los minoritarios más radicales a incendiar las calles a través de las llamadas guarimbas.

Los sucesos que han ocurrido durante el mes de febrero de 2014 han sido organizados, en algunos casos sin liderazgo político, sin líneas partidistas, sin objetivos concretos; pero no es menos cierto que si se revisa cada situación de manera particular, se encontrarán lineamientos políticos, y objetivos claros de acción, donde ha ocurrido que pueden estar de acuerdo en el objetivo como puede ser el “llamado de paz, que se acabe la inseguridad” como fue la razón que movilizo a los estudiantes el 12 de febrero, pero que existieron grupos que tenían tácticas distintas, para unos era por la vía de una marcha pacífica y para otros era la violencia.  Las razones que han motivado a las protestas de estos grupos sociales sigue generando ondas expansivas hacia adentro, sumando más fuerza dentro de sus grupos; pero que a la fecha no se ha convertido en una masa incontrolable, liberando energía que se expanda sobre sectores que no terminan de reaccionar, de expresar sus necesidades y carencias, sus frustraciones y desilusiones,  esa explosión como sí ocurrió en 1989.

Las explosiones pueden ser provocados o no, la implosiones son preparadas, organizadas, controladas; y lo que ha venido ocurriendo hoy día es parte de una organización, recordemos que un grupo político contrario al gobierno preparo el terreno llamando a “la salida”, y ese mismo piso permitió catapultar a un político que hasta ese momento no se veía como un líder de peso dentro de la “Mesa de la Unidad Democrática”; por otro lado, los estudiantes universitarios se prepararon para marchar por la inseguridad en Venezuela y por la detención de estudiantes del Táchira; otras fuerzas políticas opositoras llamando a la calma apoyaron las protestas pacíficas por la crisis económica, la violación de derechos humanos, el blackout informativo de los medios de comunicación en el país. Estas acciones vienen creciendo y uniendo a grupos que se identifican en los reclamos dirigidos al gobierno nacional, e incluso, a la sociedad internacional.

Uno de los elementos que muestran similitud entre 1989 y 2014 es la respuesta de la fuerzas públicas del gobierno, en ambos casos con fuerza, quizás en la primera sin preparación y muy nerviosa; en la segunda, ya con experiencia y cargados del mismo discurso sectario que se viene escuchando desde hace tantos años. Son estas acciones de los cuerpos de seguridad lo que ha generado que la “implosión” este en crecimiento, los venezolanos que han fallecido por balas y perdigones, quienes están heridos, y los que han sido detenidos, muchos dejando en evidencia los maltratados físicos y psicológicos en esos procedimientos; se convirtieron en los ingredientes que han alimentado estas acciones de calle, de no darles un tratamiento adecuado, pueden expandirse y convertirse en una explosión social.

La realidad es que existe un sector importante del país que se identifica con el partido de gobierno, y dentro de ellos hay un grupo muy significativo que vive un dilema, ¿Cómo criticar las carencias que tiene el país hoy en día? ¿Cómo manifestar la insatisfacción por la crisis económica y la inseguridad que es dueña de los barrios y urbanizaciones de Venezuela, sin perder las conquistas políticas de este grupo social olvidado por tantos años? ¿Quiénes representarán a este sector en caso de darse un cambio? Estos dilemas suenan en las zonas populares de Caracas, incluso acompañadas con cacerolas, observando lo que está pasando en varias zonas de la ciudad y del país como sucesos aislados que no tocan su realidad, pero que si van al fondo, se darán cuenta que ambos tienen las mismas necesidades.


De aquella explosión social de 1989 vino la ruptura de un sistema político, sin ser en sí mismo la razón que motivo al pueblo a reventar con lo encontró en su camino. De la implosión social de 2014 existen intereses manifiestos que retumban en gran parte del país, pero pequeños grupos organizados han mostrado sus intereses subyacentes, algunos caminando por la vía constitucional y otros dispuestos a romperlas. Vivimos días de protestas que no terminan de salir de sus líneas invisibles, reclamos acompañados de llamados de paz y dialogo, pero donde las partes, al menos de momento, no están dispuestos a reconocerse realmente.

DE LA PRIMAVERA DE PRAGA


En enero de 1968 se dio un movimiento en Checoslovaquía que buscaba cambiar el modelo totalitario que vivía ese país, construyendo las bases para un Estado más democrático, un modelo que se conoce con el nombre de "Socialismo con rostro humano", que fue liderizado por Alexander Dubček. En agosto de 1968 la URSS acompañado por varios aliados del Pacto de Varsovia invadieron Praga, con la finalidad de acabar con esas transformaciones que amenazaban los modelos "socialistas autoritarios" que tenían como epicentro Moscú. Aquel periodo es conocido como la "Primavera de Praga", y fue una esperanza para los movimientos y partidos de izquierda en países occidentales que querían seguir trabajando y desarrollando sus ideas pero sin la etiqueta del modelo soviético. Después de 20 años la "Primavera volvió a Praga", en 1989 se dio un nuevo movimiento conocida como la "Revolución de Terciopelo", donde ya no solo era un socialismo humano, era la transformación total del modelo político y económico.

El socialismo no es sinónimo de autoritarismo, el fascismo sí, y hay fascistas que hablan en nombre del socialismo, no olvidemos que el nazismo nació sobre las bases del "Partido Nacionalista Alemán de Trabajadores" y en sus inicios se identificaban como "Nacionales Socialistas". 

La historia de la humanidad esta marcado por muchos conflictos, todas sustentadas en la base de las ideas, pero todas tienen un punto en común, "El poder", ya sea para llegar, o para mantenerlo. 

La paz solo se podrá alcanzar cuando su base no sea hombres "buenos" y hombres "malos", sino cuando el "derecho" reconocido por "todos" haga que los hombres actúen "justamente"... tal como lo desarrollo Immanuel Kant en su trabajo "Sobre la paz perpetua".

Como lo exprese ayer "más que extrañar a la Venezuela de ayer, extraño a la Venezuela de mañana", ojala que no pasen muchas lunas llenas y los crepúsculos de los atardeceres para que podamos vivir nuestra propia "Primavera", y podamos decir como al gran maestro Otilio Galindez "Mañana que va llegando, rayito de sol que siento... el gallo de mi totumo ahuyenta con su cantío fantasmas de sombra y luna, espantos y aparecidos" y así vivir nuestra "Flor de Mayo".