Se están cumpliendo 25 años de
aquellos dolorosos sucesos ocurridos en Caracas y buena parte del territorio
nacional, un pueblo que salió a las calles a llevarse todo por delante, un
reclamo desordenado que comenzó en la mañana del 27 de febrero cuando los
estudiantes y habitantes de Guarenas protestaron el incremento del pasaje del
transporte público.
Así comenzó un capítulo de la
historia que partió en dos al período democrático de Venezuela, que algunos
definen como Puntofijismo, y que autores como Diego Bautista Urbaneja
simplemente llaman “Programa Democrático”. Aquel 27 de febrero de 1989 se escuchó
el “reclamo de la gente”, un exigencia por el alto costo de la vida, una
pobreza en ascenso, un sistema educativo que no respondía a las necesidades de
toda la población, un país que dependía de la salud privada para responder por
las deficiencias de los hospitales públicos, una seguridad social que no
funcionaba, una inseguridad que se hacía sentir en los barrios y calles de
Caracas, un país que se definía como “rico” por su petróleo, pero devaluado su bolívar
y más su población; un reclamo que no respeto nada, donde la gente reventó
vitrinas y santamarías para llevarse neveras, televisores, equipos de sonido,
colchones, lavadoras, licuadoras, incluso parabólicas; para después buscar la
leche, pasta, carne, pollo, arroz, aceite, galletas, enlatados, sin olvidar las
cajas registradoras de automercados y abastos.
Los negocios destruidos, incluso
hasta incendiados, fueron la muestra de la furia acumulada que exploto esos
días; tomando a un gobierno desprevenido que venía de tomar posesión solo 25
días antes, un candidato que contó con
la mayor votación que había sacado alguien que aspiraba a la presidencia de la
República hasta ese momento, además de
ser el primer presidente que era electo por segunda oportunidad dentro del “Programa
Democrático”. Carlos Andrés Pérez además se dio el lujo de contar con la presencia
de un importante grupo mandatarios hispanoamericanos en su toma de posesión, convirtiéndose
en uno de los actos de mayor impacto en la región, por cierto, uno de los
visitantes “ilustres” que vino a felicitarlo fue el propio “Fidel Castro”,
quien generó todo un revuelo en el país y en Latinoamérica, todos los periodistas
lo querían entrevistar, y los presidentes no perdían la oportunidad para
tomarse una foto con el presidente de Cuba. Vale destacar que hay un dato
curioso para la historia de la región, y es que Fidel Castro estuvo presente en
Colombia días antes de estallar el “Bogotazo”, como consecuencia del asesinato
de Jorge Eliécer Gaitan en 1948; y como se dijo anteriormente, estuvo en
Venezuela días antes del “Caracazo”, ¿casualidad? Coincidencia o no eso es tema
para otro momento.
Muchos hoy comparan los sucesos
de febrero de 1989 con los de febrero de 2014, si bien es cierto, tienen
algunos puntos en común, en lo personal considero que son dos situaciones
distintas, donde me atrevo hacer una aproximación conceptual sobre ellas, la
primera la podemos llamar “explosición social” y la segunda “implosión social”.
Las Ciencias Físicas definen
explosión como “Una liberación simultánea de energía calórica, lumínica y
sonora (y posiblemente de otros tipos) en un intervalo temporal ínfimo”;
mientras que la implosión “es la detonación de explosivos en la superficie externa del objeto, por lo
que la onda expansiva se mueve hacia adentro”. Tomando prestado estos
dos conceptos podemos decir lo siguiente:
En 1989 se dio una “liberación
simultanea de energía” evidenciando acciones de protesta que rápidamente se
convirtieron en violentas donde estuvo presente la destrucción, como respuesta
del gobierno (quien no estaba preparado para este tipo de situaciones, incluso inimaginables
para muchos sociólogos y politólogos de aquel momento), tuvo que responder de
igual manera e incluso más “violento” para poder controlar unas masas que
actuaban prácticamente de forma irracional, donde sin consignas, sin un epicentro
de organización, sin una visión compartida, la gente se lanzó a las calles a
llevarse todo por delante, unos por frustración, otros por hambre, algunos por
diversión, aprovechadores e incluso quienes “si” tenían algún interés político;
pero ninguno de ellos se encontraron previamente, la población no fue preparada
para ello, solamente soltó toda su energía en un “tiempo ínfimo”.
La realidad actual puede tener
unas causas similares, efectivamente existe una gran acumulación de frustración
en lo económico, una devaluación constante de la moneda, una escasez de
productos de primera necesidad llevando a la gente hacer largas colas en los
mercados, la ausencia de medicinas, la adquisición de divisas es cada vez más
complejo, una inflación incontrolable en un país donde el presupuesto anual se
calcula a un barril de petróleo a $ 40, cuando en promedio superan los $ 88,
sin olvidar una inseguridad que ha venido en ascenso, prácticamente
incontrolable. ¿Por qué entonces hablamos de implosión social? Estamos frente a
una onda expansiva que se va moviendo por dentro, donde grupos de personas que
se identifican entre sí, ya sea por ser parte de una clase social, en este caso
su mayoría es de clase media; por ser parte de la comunidad de los estudiantes
universitarios; o simplemente ser simpatizantes de agrupaciones políticas que
se oponen al gobierno actual; son estos elementos que han permito agrupar
individuos para manifestarse, marchar,
incluso a los minoritarios más radicales a incendiar las calles a través de las
llamadas guarimbas.
Los sucesos que han ocurrido
durante el mes de febrero de 2014 han sido organizados, en algunos casos sin
liderazgo político, sin líneas partidistas, sin objetivos concretos; pero no es
menos cierto que si se revisa cada situación de manera particular, se
encontrarán lineamientos políticos, y objetivos claros de acción, donde ha
ocurrido que pueden estar de acuerdo en el objetivo como puede ser el “llamado
de paz, que se acabe la inseguridad” como fue la razón que movilizo a los
estudiantes el 12 de febrero, pero que existieron grupos que tenían tácticas
distintas, para unos era por la vía de una marcha pacífica y para otros era la
violencia. Las razones que han motivado
a las protestas de estos grupos sociales sigue generando ondas expansivas hacia
adentro, sumando más fuerza dentro de sus grupos; pero que a la fecha no se ha
convertido en una masa incontrolable, liberando energía que se expanda sobre
sectores que no terminan de reaccionar, de expresar sus necesidades y carencias,
sus frustraciones y desilusiones, esa
explosión como sí ocurrió en 1989.
Las explosiones pueden ser
provocados o no, la implosiones son preparadas, organizadas, controladas; y lo
que ha venido ocurriendo hoy día es parte de una organización, recordemos que
un grupo político contrario al gobierno preparo el terreno llamando a “la
salida”, y ese mismo piso permitió catapultar a un político que hasta ese
momento no se veía como un líder de peso dentro de la “Mesa de la Unidad
Democrática”; por otro lado, los estudiantes universitarios se prepararon para
marchar por la inseguridad en Venezuela y por la detención de estudiantes del Táchira;
otras fuerzas políticas opositoras llamando a la calma apoyaron las protestas
pacíficas por la crisis económica, la violación de derechos humanos, el
blackout informativo de los medios de comunicación en el país. Estas acciones vienen
creciendo y uniendo a grupos que se identifican en los reclamos dirigidos al
gobierno nacional, e incluso, a la sociedad internacional.
Uno de los elementos que muestran
similitud entre 1989 y 2014 es la respuesta de la fuerzas públicas del
gobierno, en ambos casos con fuerza, quizás en la primera sin preparación y muy
nerviosa; en la segunda, ya con experiencia y cargados del mismo discurso
sectario que se viene escuchando desde hace tantos años. Son estas acciones de
los cuerpos de seguridad lo que ha generado que la “implosión” este en
crecimiento, los venezolanos que han fallecido por balas y perdigones, quienes están
heridos, y los que han sido detenidos, muchos dejando en evidencia los
maltratados físicos y psicológicos en esos procedimientos; se convirtieron en
los ingredientes que han alimentado estas acciones de calle, de no darles un
tratamiento adecuado, pueden expandirse y convertirse en una explosión social.
La realidad es que existe un
sector importante del país que se identifica con el partido de gobierno, y
dentro de ellos hay un grupo muy significativo que vive un dilema, ¿Cómo
criticar las carencias que tiene el país hoy en día? ¿Cómo manifestar la
insatisfacción por la crisis económica y la inseguridad que es dueña de los
barrios y urbanizaciones de Venezuela, sin perder las conquistas políticas de este
grupo social olvidado por tantos años? ¿Quiénes representarán a este sector en
caso de darse un cambio? Estos dilemas suenan en las zonas populares de
Caracas, incluso acompañadas con cacerolas, observando lo que está pasando en
varias zonas de la ciudad y del país como sucesos aislados que no tocan su
realidad, pero que si van al fondo, se darán cuenta que ambos tienen las mismas
necesidades.
De aquella explosión social de
1989 vino la ruptura de un sistema político, sin ser en sí mismo la razón que
motivo al pueblo a reventar con lo encontró en su camino. De la implosión
social de 2014 existen intereses manifiestos que retumban en gran parte del
país, pero pequeños grupos organizados han mostrado sus intereses subyacentes,
algunos caminando por la vía constitucional y otros dispuestos a romperlas. Vivimos
días de protestas que no terminan de salir de sus líneas invisibles, reclamos
acompañados de llamados de paz y dialogo, pero donde las partes, al menos de
momento, no están dispuestos a reconocerse realmente.





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